"El hombre es naturalmente paradojal cuando se
refiere a los temas en que su vida influye sobre su
raciocinio y sobre sus deseos íntimos. Cuando
reflexiona y cuando canta."
E. M. Estrada
Corazón de luz
El sabio místico casi siempre fue alguien que
estuvo destinado a pasar gran parte de sus días
en una caverna. En la oscuridad. La zona oscura del
espíritu ha sido siempre un asunto reservado
a estos hombres espirituales. San Juan de la Cruz tuvo
su más famoso poema cuando encontró "la
noche del alma". En su cuerpo encarcelado y oscuro
encontró Santa Teresa a Dios. Pasar por la experiencia
de la oscuridad interior es lo que han necesitado los
místicos para sentir en carne propia su deseo
divino. Esto que tantas veces se ha interpretado como
el entendimiento de que les faltaba la presencia de
Dios o que necesitaban a Dios puesto que sentían
la oscuridad y por ende la falta de luz, es completamente
desacertado. Jamás el Deseo se ha confundido
con la carencia de algo ni con su necesidad. Ni siquiera
el Deseo en su devenir-divino. Más bien fue este
devenir divino en el místico el que ha pedido
y podido pasar por estas pruebas, por estos combates
del espíritu y sus tinieblas, fortaleciendo al
deseo mismo. Este estar entre las tinieblas es el poder
del alma misma. No hay en realidad una guerra contra
la oscuridad, hay más bien un conocimiento como
potencia de afirmación que pide que la oscuridad
sea experimentada para "entenderla", vivirla,
conocer más de ella. No es la ilusión
de una luz que vendrá por recompensa, sino la
experiencia misma de esta luz, que lleva al místico
a estar en el medio, entre la luz y la oscuridad, entre
el día y la noche, entre la tierra y el cielo.
Conectando a los unos con los otros, percibiendo a lo
otro en su yo, viendo al espíritu en cada roca,
en cada planta, y sintiendo que es allí donde
está la evidencia de eso superior, en la superficie
de la tierra que no por casualidad es la capa más
fértil de ella. Es en el deseo entonces donde
se halla el medio y es en el medio en donde siempre
está el deseo; es un viajero espiritual. La Navidad,
que sea en la tierra, pedía Rimbaud. Una nueva
navidad para una nueva tierra. Para los grandes pintores
religiosos la luz estaba en el cuerpo de Cristo, tan
pegada a él que en realidad salía de su
cuerpo al mismo tiempo que llegaba a éste emanando
de Dios. Esta luz del cuerpo, luz del espíritu
al mismo tiempo, será la que va a ser perseguida
en realidad por la Iglesia, ya que si la luz está
en los cuerpos ya no responderá su emanación
a las explicaciones y descripciones que harán
los curas de estas imágenes. Dios, plan nunca
definible, según Spinoza; Dios de donde surgen
las fuerzas de vida siendo éstas las portadoras,
en todos los cuerpos, de la divinidad según el
sufismo, no es el mismo que el Dios separado de los
seres humanos y creador de culpa infinita de la iglesia.
Este será un Dios rector. El otro un Dios compositor.
Un régimen distinto de la luz se encuentra en
estas dos posiciones y un régimen distinto de
los cuerpos: cuerpos sin órganos como pura intensidad
contra un cuerpo del Orden que es pura falta.
"Estaba tan embebido, tan absorto y ajenado que
se quedó mi sentido de todo sentir privado y
el espíritu dotado de un entender no entendiendo
toda ciencia trascendiendo"
San Juan de la Cruz
Todo sentir privado y el espíritu dotado...pasar
de lo sensible a lo insensible, de lo percibido a lo
imperceptible, de saber no sabiendo, o sea de saber
desde otro plano, desde una conciencia que supera a
la conciencia: su espíritu. Lo que decía
Spinoza: hay más cosas en el espíritu
que en la conciencia que tenemos de él. El místico
es el que ahora no quiere saber nada con los sentidos,
ya no confía en ellos, ni siquiera en su corazón,
menos en su cabeza. Corazón de luz pide el místico
para su cuerpo y su alma. Corazón anorgánico
para una vida orgánica. ¿O será
esencialmente ésta una vida no-orgánica?
El cuerpo sin órganos lo demuestra a cada instante,
solo que nuestro cuerpo, la idea que nosotros nos podemos
hacer de él, la conciencia que nos hacemos de
él, la ciencia que tenemos para él, no
"ve" tales demostraciones. Cuando el CSO describe
nuestras sensaciones supera a su vez a toda sensación,
porque más bien es él el que está
antes de toda sensación, es el productor de toda
sensación pero a su vez nada es sin ellas. Es
lo no-sensible por naturaleza pues en él se acogen
todas las sensaciones que como Afectos resplandecerán
de él y le darán a su vez un cuerpo, el
cuerpo (siempre nuevo) que pide el cuerpo sin órganos.
Por eso todo cuerpo es en la medida en que es afectado
y no sabríamos lo que puede un cuerpo a no ser
que se cumpla este requisito. Entonces, v 7 olviendo
a la descripción, si el CSO describe, es siempre
superando al objeto que describe, describe inclusive
lo que está más allá y más
acá del sujeto. Descripción de un individuo
que es entonces esencialmente despersonalizante, como
decía Paul Virilio del Dadá. No hay sujeto
ni objeto para el cuerpo sin órganos. Es siempre
una fuerza lo que ve. Lo que ve es más que una
imagen y menos que una imagen. Revelador-vidente-profeta
por naturaleza, el CSO transforma al cuerpo en pura
superficie, pantalla blanca o pantalla negra, un espacio
liso en donde atravesarán como viajeros en el
desierto los acontecimientos-luces de la Vida. Él
es pura fuerza de intensidades múltiples que
sólo da respuestas al Deseo llenándolo
de preguntas. Es el Deseo mismo.
"Pues la paradoja muy pocas
veces suele ser un compuesto de notas simples, sino
un acorde integrado por innumerables voces, muchas opacas
y de ultratumba. Se diría que la paradoja no
se produce en un lugar bien iluminado de la conciencia
del todo despierta, sino más bien en algún
margen que confina con las oscuras fuerzas de la adivinación
y de la sangre. ¿En qué zona del alma
se produce la paradoja, cuál es su clima? Un
poco la zona de los instintos; un poco el clima de la
pasión. Podría localizársela allí
donde el alma se siente a sí misma como rodeada
de lo incógnito, en las fronteras de lo que está
debidamente explorado, con sus experiencias ancestrales
y personales, en el deslinde de lo conocido y de lo
desconocido. Diríamos en la región donde
aún la razón es intuición..."
E.
M. Estrada
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