La clase de eutonía, puede ser un paréntesis
en el hacer cotidiano, tal vez un oasis, o unas vacaciones
en los territorios del cuerpo, sin necesidad de pasaporte
para atravesar fronteras.
Eso sí, el diálogo es con uno mismo y
no siempre nos gustamos o elegimos sentir lo que sentimos.
Por favor, al entrar, sacarse los zapatos. Bajarse de
los tacos, o desatarse los cordones. Si trae puesto
el personaje del trabajo, vaya quitándoselo junto
con la ropa.
¿Atrincherado detrás de la corbata? ¿Parapetada
dentro del aro del soutiens?
Soltar la pancita y darle oportunidad a esa sonrisa
que trae, de alegrarse de verdad al zambullirse en ropa
cómoda; esa que no aprieta, que deja espacios
entre la tela y la piel. Los pies descalzos o abrigados
con medias, si lo prefiere.
Podría comenzar la clase (¿o ya comenzó?)
invitándolos a acostarse en el suelo
¿Sentirán el suelo como sostén,
para poder soltar el peso y participar de esta experiencia
en la que usted será escenario, protagonista
y atento espectador? ¿ Experimentarán
la paradoja, abandonarse / estar concientes?
Aquietarse para sentir el movimiento vital del cuerpo
cuando se relaja.
La eutonía, nombre con el que bautizó
Gerda Alexander, su creadora, a este método,
a esta pedagogía, a esta filosofía, quiere
decir, tono armonioso, tono equilibrado. Por lo tanto
no sólo se propone llegar a las profundidades
de la relajación, sino al uso de la energía
necesaria para la acción. Y allí será
protagonista el hueso, sus formas y direcciones, la
cavidad articular.
¿ Produce cambios tónicos “estar
en el hueso“ ? Oponerse a la fuerza de gravedad,
en un diálogo huesos- suelo, permite encontrar
otros ejes, otras posturas, otras maneras de sentarse,
pararse, caminar. (Puede incluir bailar, pensar, etc.
Hacerlo extensivo hasta dónde pueda y quiera.)
Para abrir espacios en el cuerpo, que siente y piensa,
usamos objetos intercesores; pelotitas, bambúes,
castañas, goma espuma, que estimulan la sensibilidad
y ayudan a dirigir la atención.
Imágenes, recuerdos, emociones, modulándose
con la flexibilidad de tono. Zonas olvidadas que se
vivifican, otras sobrecargadas que se suavizan.
Con desperezamientos, o con un trabajo grupal podemos
ir terminando esta clase. También puede ser con
un toque de a dos; aprendiendo a estar receptivos en
el rol pasivo y a no invadir en el rol activo; estando
presente y atento en uno mismo y con el otro.
Y así llegamos al final,
pero como la eutonía no necesita de gran equipamiento,
(creo que va siendo una manera de ser), usted puede
recurrir a ella en el colectivo. Si va sentado, escuchando
sus apoyos; si va parado, surfeando con el pasaje del
peso. Buscando sus isquiones en las largas horas de
computación, o permitiéndose un bostezo,
desperezando los dedos de los pies.. Abierto a sus necesidades
y a su creación personal, podrá ser y
hacer, su obra de arte cotidiana.
Otra nota sobre la eutonía click
aquí
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