"Danza
para la pantalla es la construcción literal de una coreografía
que sólo vive cuando está encarnada en un film, video
o tecnologías digitales. Ni la danza ni los medios para
manifestarla están al servicio uno de otro, sino que
son compañeros o colaboradores en la creación de una
forma híbrida."
Así
diferencia el realizador y teórico estadounidense Douglas
Rosemberg lo que el denomina Danza para la Pantalla
de lo que es Danza para la Cámara, término más abarcativo
que incluye además las categorías "Registro de obra",
"Readaptación de registro de obra" y "Documental". Cabe
preguntarse entonces si esta forma híbrida, danza para
la pantalla, es una combinación de lenguajes o es un
lenguaje en sí. Para Margarita Bali, una de las impulsoras
de este género en la Argentina, se trata de una combinación,
pero al ser el soporte final el video, las reglas básicas
de éste son las que valen en última instancia. En este
punto coincide con Rosemberg, quien dice: "Un modo de
pensar a la danza para la pantalla es tomar a la cámara
como su espacio, así como nos referimos al teatro como
el lugar para la ejecución de una danza. Es allí donde
ocurre la obra; ella es la arquitectura contra la cual
y a través de la cual el público percibe la obra. La
especificidad espacial es la forma en que contextualizamos
una obra de arte, el espacio provee el contexto. La
danza para la pantalla es inherentemente una experiencia
mediada. La cámara y el método de registro registran
la danza tal como ocurre; sin embargo, la representación
de esa danza está filtrada por las estrategias de composición
y estéticas del operador de la cámara, y luego por el
proceso de edición. En realidad, es un objeto que vemos
y en el que la danza es el foco, y en el que los rigores
del tiempo, la gravedad, la geografía y las limitaciones
físicas de los bailarines no son el tema, por lo menos
en cuanto a lo que
estamos acostumbrados en relación a la danza teatral.
Aquí es donde se hace imperativo hablar en el lenguaje
del cine. El lenguaje del cine nos permite participar
de una obra desde múltiples puntos de vista, nos permite
una definición del tiempo y del espacio constantemente
cambiante y fluida." La riqueza creativa que provee
este género con respecto a la representación escénica
convencional dada por el escenario a la italiana es
entonces fascinante, ya que permite la posibilidad de
adoptar cualquier ángulo, cualquier tiempo (no es realista
y se pueden cambiar las velocidades); cambiar el espacio,
variar la distancia entre el espectador y el intérprete
y obtener planos detalle, fundir una imagen, asociar
de manera distinta, incluir las asociaciones del bailarín,
su pensamiento. En síntesis, "construir un relato de
manera distinta, generalmente no lineal" aporta Bali.
La propia naturaleza de la cámara, con su capacidad
de acercarse y alejarse, y de enfocar claramente un
área muy pequeña, invita a la investigación del movimiento
y su desarrollo a un nivel muy íntimo. "Un gesto pequeño
e insignificante en el escenario puede transformarse,
cuando se ve a través de la lente, en poético y grandioso,
mientras la respiración o los pasos del bailarín pueden
convertirse en puntos focales de la obra" (Rosemberg).
EN
ARGENTINA La exploración de la relación imagen-danza
tiene antecedentes en el Instituto Di Tella y en coreógrafos
como Ana Kamien y Oscar Araiz. Por el lado del cine,
Pino Solanas en "El exilio de Gardel" y Jorge Coscia
en "Cypayos" le dieron al tango un lugar importante.
En 1993 el cineasta Jorge Coscia dictó un taller de
videodanza para coreógrafos y los trabajos que resultaron
de esto se presentaron en el Rojas. Ante el interés
que despertaron, la coreógrafa Silvina Szperling intuyó
que podía gestarse algo más grande. Fue así como organizó
en 1995 el 1° Festival de Videodanza de Bs. As, con
el objetivo de generar: intercambio con el exterior,
talleres de formación y estimular la producción. El
Festival fue anual hasta 1999 y luego pasó a ser bienal.
Cada dos años se obtiene mayor producción y por lo tanto
mayor calidad, pero también se corre el riesgo de que
"caiga" en un país en donde el patrimonio cultural se
ve desprotegido y sujeto a los vaivenes de la política.
A este respecto es importante señalar la labor de Szperling
y otros realizadores como Graciela Taquini en cuanto
a la elaboración de documentales con registros actuales
y del pasado. El valor educativo y artístico que tiene
este material es relevante y debería tener un espacio
institucional.
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