No voy a pasar
por alto el sentido literal del título: nuestra
mano como parte del cuerpo ejecuta la acción
de escribir. Pero mi intención al elegir este
título es ir más profundo.
Sin duda alguna, la poesía es el género
más sensual de la literatura. Sensual en tanto
son los sentidos de nuestro cuerpo los que están
involucrados. Escribimos con el tacto, con el gusto,
con el oído, con el olfato y con la vista.
Tal vez recuerden los análisis literarios que
nos hacían hacer en el colegio: marcar en los
poemas las imágenes visuales, cromáticas,
auditivas, etc. Es cierto que este tipo de análisis
también se aplica a la literatura en general.
Pero en ningún otro género aparecen tan
concentrados como en la poesía. Nada se aleja
más de lo intelectual que la escritura y la lectura
de poesía. Sobre todo en la poesía contemporánea,
tan libre de reglas. En donde la regla principal es,
inclusive, romper con todas las reglas. Todo vale, y
lo que no vale lo hacemos valer.
Un poema no es otra cosa que un cuerpo que ha abierto
todos sus canales de percepción. Nuestra visión
del mundo se plasma visceralmente alejándose
de toda comprensión intelectual. Es nuestra piel
en acción o en reposo la que se expresa a través
de las palabras.
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