Si
hablamos de arte, hablamos de artistas, de personas:
vos, yo... cualquiera. El arte está entre nosotros
desde la procreación hasta la muerte misma. Una
vida entera, llena de las palabras creación y
creatividad.
Nuestras propias vivencias son el disparador del artista.
Cuando somos niños, gozamos del maravilloso e
inocente mundo creativo, sincero, honesto y genuino,
y la sociedad donde nos desarrollamos (familia, maestros,
amigos, barrio, sistema) se encargarán de darle
forma, limitar, rotular, poner nombre y etiquetas a
ese alma soluble, a ese diamante en bruto, tapando como
las telas de la cebolla, la verdad, al artista.
A través del arte podemos emprender la exquisita
búsqueda de encontrarse y descubrir los personajes
internos que pasaron al olvido. Nos manejamos en la
vida con 3 o 4 personajes que a todos nos gustan y se
nos vuelven carne.
Son nuestro lugar de seguridad, mientras aquellos otros,
(que también son nuestros) duermen la dulce espera
de ser descubiertos algún día, y como
el genio de la lámpara cuando salen te conceden
todos los deseos. Para nosotros, los artistas, son la
paleta de infinitos colores que nos permiten llevar
nuestras emociones a favor de la obra creativa. ¿Qué
hace un pintor si (no por elección propia) debe
plasmar un estado de ánimo o decir algo con 4
colores, o un músico con 3 notas, un bailarín
con 2 pasos, un actor con 2 personajes en toda su carrera
o ... vos, yo, cualquiera si nos limitamos a creernos
iguales cada día?...
Alejandra Fontán: Directora
de Club del Arte Profesora de Teatro y Danzas
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