¿Qué
cree que haría usted si le piden la música
de un ballet contemporáneo para ensamble de percusión
y resulta ser que no cuenta ni con el espacio ni con el
dinero suficiente para semejante empresa? Este mismo dilema,
crease o no, fue el puntapié inicial para una de
las innovaciones más importantes de la música
del siglo XX: el piano preparado. Corría entonces
el año 1938 y un joven compositor norteamericano
llamado John Cage, estaba trabajando en Seattle, componiendo
la música para el ballet "Bachanale"
de la coreógrafa Syvilla Fort. Según sus
propias palabras, tanto la música como el baile
debían asemejarse a una danza bárbara. Dado
que el espacio del que disponían era el de un estudio
de danza y sólo contaban con un piano, Cage pensó
en la idea de modificar la sonoridad de este instrumento
insertando entre sus cuerdas distintos objetos, tales
como cáscara de nuez, tornillos, roscas, pedazos
de papel, de goma y pernos; logrando de este modo, no
sólo que disminuyeran las vibraciones de las cuerdas
sino también la obtención de nuevos armónicos
según la posición de cada objeto en la cuerda.
La resultante sonora de este primer experimento logró,
no sólo asemejarse a la de un ensamble de percusión
en cuanto a las cualidades del sonido, en parte melódicas
y en parte percusivas y a la variedad tímbrica:
sonidos opacos, sordos, brillantes, zumbantes, campanas,
gongs, tambores...etc., etc., sino que también
abrió el camino para una enorme gama de usos no
convencionales de este instrumento. De hecho, el mismo
Cage siguió incursionando y desarrollando esta
técnica a través de la incorporación
de nuevos timbres hasta culminar en la obra paradigmática
para piano preparado: "Sonatas e interludios".
Durante el transcurso del siglo XX, varios compositores
se aventuraron en busca de nuevas sonoridades para este
instrumento. Henry Cowell, maestro de composición
de John Cage, fue quien escribió las primeras obras
para ser tocadas directamente sobre las cuerdas del piano
y quien comenzó con la utilización de los
"clusters" ( sonidos sucesivos sonando simultáneamente.
En el teclado se producen golpeando con la mano o el antebrazo),
en la década del '20 y el '30 respectivamente.
Más tarde, Conlon Nancarrow, un compositor norteamericano
exiliado en México, encargó la fabricación
de una pianola con el equipamiento necesario para agujerear
los rollos él mismo y poder así reproducir
su propia música, de una complejidad extrema para
ser interpretada por un solo ejecutante. Entre otros ejemplos
de usos no convencionales del piano, podemos citar la
obra "Transición" de Mauricio Kagel (compositor
argentino radicado en Alemania) que requiere para su ejecución
baquetas de todas clases y tamaños para golpear
con ellas directamente las cuerdas del piano. Históricamente,
el piano alcanzó su apogeo durante el siglo XIX,
porque se adecuaba perfectamente a la interpretación
privada (música de salón y doméstica)
y a la expresión individual del sentimiento, valores
éstos predominantes durante el Romanticismo. En
el siglo XX, la búsqueda de un nuevo lenguaje y
la ruptura con los esquemas formales rígidos, requería
de nuevas sonoridades en función también
de las nuevas necesidades expresivas. El piano fue uno
de los primeros instrumentos que se vió sometido
a la exploración de nuevas formas de toque y a
la búsqueda de nuevos timbres; cuestiones que repercutieron
directamente en la manera de concebir las obras, tanto
para los compositores como para los intérpretes.
Si escucháramos una obra para piano preparado de
J. Cage, en cuya ejecución se lograra efectivamente
el cometido del compositor, la sonoridad resultante debería
ser "la de un instrumento que tenga sus propias y
convincentes características y que ni siquiera
sugiera un piano". Es decir, algo a lo que nuestros
oídos no están acostumbrados a la hora de
escuchar una obra para piano. No es a pesar sino a causa
de ello, que suele ser una experiencia tan enriquecedora
la de zambullirse con oído atento y actitud desprejuiciada
en el universo que plantea la música creada por
nuestros coetáneos.
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