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El circo en Buenos Aires
El
primer circo que funcionó en Buenos Aires fue
gracias a la iniciativa del Inglés Santiago Spencer
Wilde. Wilde instaló entre las calles Florida
y Córdoba el "Parque Argentino" donde
se presentaron los primeros espectáculos circenses
con artistas nativos y los circos extranjeros que llegaban
al país.
Para algunos, el primer circo netamente argentino es
el "Flor América" creado por Sebastián
Suárez en 1860. De niño, Suárez
conoció al Circo Olímpico de Juan Lippolis
Ese encuentro lo introduce en el mundo del circo y en
cada presentación circense de la zona Sebastián
Suárez aprende trucos y técnicas, se pinta
la cara, se pone ropas estrafalarias y se convierte
en "Tony".
Otros historiadores opinan que el verdadero circo criollo
nace cuando los hermanos José Antonio (Pepe)
y Gerónimo Podestá estrenan la versión
pantomímica de la obra de Eduardo Gutiérrez
"Juan Moreira", poniendo en juego algo de
la identidad Argentina y Sudamericana, por haber sido
el primero que dejó de imitar las artes provenientes
de Europa. Es así que, en la Argentina, el 6
de octubre se celebra el Día del Circo en homenaje
a Pepe Podestá, que nació ese día
de 1858 en Montevideo y desarrolló aquí
una labor pionera.
El circo fue el espectáculo más popular
en estas tierras, durante los tiempos de la colonia
y los de la vida republicana independiente.
Se dice que el primer payaso que se presentó
en el Río de la Plata fue el italiano Pedro Sotora
"el hombre incombustible", quien en 1834 comía
estopa ardiendo y realizaba saltos mortales ante el
público de Buenos Aires y Montevideo.
Durante el período rosista, el teatro y las formas
del espectáculo en general, tuvieron un fuerte
impulso y apoyo oficial, incluso se conformó
una escuela de actores criollos. Los federalistas veían
con gozo, al final de cada función, la quema
de un desleal con el nombre de algún unitario
refugiado en Montevideo.
El picadero cobra protagonismo en la escena rioplatense
en forma paralela al teatro tradicional, con compañías
europeas y con gran asistencia de las burguesías
locales.
En 1869 llega a Buenos Aires el circo italiano Chiarini,
con los números hípicos de Giusseppe Charini
y la compañia conformada por su núcleo
familiar.
Ese mismo año comienza a actuar en Montevideo
y luego en Buenos Aires, el payaso genovés, acróbata
y luchador Pablo Raffetto.
Raffetto monta una pequeña empresa y muestra
su número del "disparo del cañón"
en Buenos Aires y Montevideo. La lucha se transforma
en una importante fuente de trabajo para el genovés
y los espectadores lo desafían a pelear en las
funciones.
En 1877 se encuentra con los hermanos Podestá.
Raffetto contrata a los jóvenes hermanos uruguayos
durante seis meses para realizar una gira por el sur
de la provincia de Buenos Aires. No sólo compartían
un contrato laboral sino además la sangre genovesa.
Además de Raffetto, dos fueron los payasos que
conquistaron al público de fin de siglo: Pepino
88 y Frank Brown. Este último, a quien Rubén
Darío elogiara en su "Autobiografía",
llega a estas tierras en 1884 con un estilo distinto
al del clown criollo. El inglés nacido en Brighton
en 1858 aparece en las carteleras como "El rey
de los clowns". Conoce el español y los
niños los aclaman cuando lanza golosinas de una
cesta a las tribunas. Prepara un espectáculo
en clave de sátira, en el que se propone como
candidato al Congreso en plena campaña electoral
de legisladores en Buenos Aires (1884)
En 1893, cuando Marcelo Torcuato De Alvear participaba
del levantamiento revolucionario, Brown acudió
al campamento de Temperley donde estaban los rebeldes,
e improvisó un espectáculo con reparto
de cigarrillos para los alzados en armas.
Durante algún tiempo Brown trabajó en
sociedad con los hermanos Podestá.
Pepino 88, creado por Pepe Podestá, además
de sus habilidades de músico y cantante, desarrollaba
una suerte de espectáculo interactivo con el
público con quien dialogaba y a quien involucraba
en su propuesta de humor.
Pepino el 88 fue un payaso y modelo del cómico
rioplatense. El famoso personaje nació en 1881
cuando a Pepe, que era acróbata en la compañía
ecuestre de Félix Hénault, le tocó
reemplazar a un payaso enfermo. Se hizo llamar Pepino,
y la gente le agregó el 88 porque la cifra parecía
dibujada por los parches en la chaqueta de su padre
con que fabricó su improvisado traje. Sus sátiras
políticas o sus imitaciones del "niño
bien" o el "compadrito" influyeron en
generaciones de cómicos y monologuistas, desde
Florencio Parravicini hasta Enrique Pinti.
La tradición que ellos instalaron a fines del
siglo pasado fue retomada luego por otros tantos pilares
del humor popular argentino, que supieron trasladar
el clima de la carpa a la pantalla de TV, como Pepe
Biondi, "Pepitito" Marrone, Carlitos Balá
o Alberto Olmedo.
En 1884 la Compañía de los hermanos Carlo
había tenido una excelente temporada circense.
Los empresarios deseaban responder a la buena acogida
del público con un número nuevo, original
y de destaque en las carteleras.
Surge así la idea de representar un drama gauchesco
en el picadero, y se invita a Eduardo Gutiérrez,
autor de novelas de folletín, verdaderos best
sellers de la época, a preparar un guión
para la pantomima "Juan Moreira" basada en
su novela homónima.
Contrataron a Pepe Podestá para el espectáculo
que hasta 1886 se presentó solo con la gestualidad
de los actores y sin el apoyo la palabra hablada.
Pocos años después, independizados los
Podestá, José escribe un libreto en base
a los diálogos de la novela y se representa el
"Juan Moreira" parlante.
Los Podestá
El
matrimonio compuesto por el genovés Pedro Podestá
y la genovesa María Teresa Torterolo, pensaba
que en Buenos Aires existían mejores perspectivas
para prosperar que en Montevideo.
Ya en Buenos Aires, nacen sus primeros dos hijos. Tienen
un almacén en el barrio de San Telmo y no les
va mal pero ante el rumor que hacen correr los rosistas
de que si el general Urquiza llegara a entrar a Buenos
Aires lo primero que haría es degollar a todos
los gringos, retornan a Montevideo. Allí nacen
siete hijos más.
Uno de ellos, José (Pepe) es el primero que siente
la atracción de los circos extranjeros que pasan
por Montevideo y empuja a sus hermanos hasta la playa
cercana para repetir con ellos las pruebas. Los Podestá,
liderados por Pepe, forman su propio circo de barrio
en un galpón ubicado en las calles Isla de Flores
y Convención de Montevideo y en esta aventura
son seguidos por su madre que se ocupa ahora del mantenimiento
de las ropas y en los días de lluvia hace tortas
fritas con mate para olvidar así la frustrada
función.
Después de mucho transitar los caminos de tierra
con sus carretones, ofreciendo su arte de trapecistas,
malabaristas, forzudos y payasos, por las poblaciones
del interior de Argentina y Uruguay, los Podestá
actúan en el Circo Humberto Primo de Buenos Aires
(situado en la esquina de las calles Moreno y Ceballos,
en parte del predio que hoy ocupa el Departamento de
Policía). Pepe con dos de sus hermanos compone
un terceto audaz que figura en los programas como "Los
cóndores del trapecio" y además se
convierte en el popular Pepino 88.
Los Podestá atraían público en
Buenos Aires y Montevideo. Llegaron a recibir un premio
en el teatro Colón, en un espectáculo
a beneficio de los huérfanos de los batallones
de Mitre. Allí fueron aplaudidos por la poderosa
burguesía rioplatense y por los representantes
del poder político.
Con los Podestá se difundió el Pericón
en reemplazo del folklórico Gato. Se divulgaron
gran cantidad de danzas y el tema gauchesco. Ellos lograron
hacer conocer ritmos musicales tradicionales a lo largo
y ancho del territorio argentino rescatando a muchos
de ellos del olvido.
El Circo Criollo
Simplificando, se puede decir que
el circo criollo es aquel que tiene pista y escenario
o primera y segunda parte. La primera parte es aquella
que se desarrolla en el picadero, que en "El circo
Criollo"no se cubre de arena, sino de dorado aserrín
y donde se despliegan las habilidades, los números
de trapecio, contorsiones y la infaltable pareja cómica
"tony y payaso o clown". La segunda parte
es la de actuación (el drama criollo)
Los Podestá fueron los pioneros del circo criollo.
Ellos crearon la "segunda parte" con pantomima
gauchesca. El primer y más famoso drama es el
titulado "Juan Moreira", que representa la
historia del gaucho perseguido por la ley, tema que
retomará José Hernández en el Martín
Fierro.
Los
Premios Podestá
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