La osteopatía
es una terapia con enfoque global y con una visión
integral del hombre. Se trabaja sobre la parte visceral,
ósea, muscular, aponeurótica y también
tenemos en cuenta a la persona como integridad emocional,
psíquica, espiritual y física. Así
como todo golpe emocional afecta nuestro cuerpo también
un golpe o lesión física afecta al resto
de nuestra persona. El cuerpo siempre nos habla, registra
nuestra historia y nuestro presente. El osteópata
puede percibir a través de la palpación
en qué estado se encuentra el paciente. Las herramientas
de trabajo son nuestras manos y es a través de
la sensibilidad táctil que percibimos y dialogamos
con los tejidos. Ellos tienen un lenguaje y un ritmo
propio al que llamamos "Mecanismo Respiratorio
Primario". Todos los huesos del cuerpo tienen un
ritmo cíclico de expansión y vuelta al
inicio y son períodos de actividad y descanso
similares al de los órganos. Los órganos
(hígado, estómago, etc.) tienen ritmos
más lentos. El eje central del trabajo es el
cráneo y la columna que trabajan formando una
unidad funcional. El occipital (uno de los huesos del
cráneo) funciona sincrónicamente con el
sacro así como los temporales (los huesos laterales
del cráneo donde se aloja el oído) lo
hacen con los ilíacos (huesos de la cadera).
Toda esta movilidad cráneo-sacral es transmitida
al resto del cuerpo por medio de las fascias (membranas
que se distribuyen por todo el cuerpo y transmiten este
movimiento central, que se genera en el cráneo,
a través de la circulación del líquido
céfalo raquídeo y del tejido nervioso
de sostén: la neuroglia). El objetivo final del
trabajo es desbloquear aquellas zonas restringidas y
armonizarlas con el resto del organismo, devolviéndole
al cuerpo su movimiento natural, inherente y propio.
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