Son
muchos los interrogantes que el concepto despierta, no
sólo entre los adolescentes a punto de realizar
una elección, sino también y con mayor o
menor grado de angustia entre los adultos en distintos
momentos de la vida. Aquí se analizan muchos de
los componentes de la vocación a la luz de los
aportes del psicoanálisis.
Todos
tenemos una vocación, o ¿Solo unos pocos?
Los que cambiamos de actividad o hacemos un recorrido
por distintas profesiones u ocupaciones ¿No tenemos
vocación? ¿ Debemos considerar como más
autentica la última actividad que realizamos ?
¿Los que hicimos una carrera y luego nos dedicamos
a otra cosa, nos equivocamos de camino? ¿Descubrimos
tardíamente nuestra vocación? ¿Habrá
algo en común entre estas distintas actividades?
¿Podemos tener distintas vocaciones? (Son muchos
los interrogantes que este concepto despierta no sólo
entre los adolescentes a punto de realizar una elección
sino también, y con mayor o menor grado de angustia,
entre los adultos, en distintos momentos de nuestra vida.
Tampoco los profesionales de la Orientación vocacional
ocupacional están exentos de interrogaciones y
cuestionamientos respecto d este tema. Incluso hay quienes
proponen abandonar el uso de este término por la
connotación innatista que este vocablo posee. )
El término vocación viene del latín
"vocatio", que indica la acción de llamar
y por extensión el hecho de ser llamado. A partir
del cristianismo vocación significó: "la
aptitud o inclinación que Dios da a cada uno para
el fin que ha de desempeñar en el mundo".
Desde el psicoanálisis, el llamamiento no proviene
de dios, sino del inconsciente. Leonardo Wender, uno de
los autores que más ha profundizado en la comprensión
de la dinámica inconsciente de la vocación,
entiende el llamado como proveniente de objetos internos
que necesitan ser reparados. Si bien la corriente que
dentro del psicoanálisis encarnaba este tipo de
lectura (la corriente Kleiniana) ha sido abandonada, la
realidad es que dentro del tema de la vocación
no hubo desarrollos teóricos posteriores que continuaran
o suplantaran esta teoría de lo reparatorio.
Otra Lectura Posible de
lo Vocacional
Es posible encontrar un recorrido
particular que une las actividades que han sido placenteras
en la vida de un sujeto y descubrir aquello que constituye
su "tendencia o impulso vocacional", no solo
reparatorio sino básicamente creador, transformador
y productor de satisfacción cuando puede ser desplegado.
Esta lectura tiene consecuencias significativas en el
plano del fortalecimiento de la identidad porque permite
el reconocimiento de lo propio a través de los
cambios de actividad u ocupación. Permite además
valorizar el recorrido, y recuperar el programa de búsqueda
que tuvimos en la infancia. Este reconocimiento produce
alivio y alegría, apuntando a vitalizar el registro
de placer en la actividad. Otra consecuencia importante
es la desmitificación de la idea de vocación
como algo reservado a unos pocos. Finalmente este marco
de análisis jugaría un papel importante
en lo preventivo, señalando una vez más
la importancia de cuidar y fortificar la protección
de aquello que Winnicott llamó "el espacio
transicional".
Tendencia o Impulso Vocacional
Si
indagamos en la historia de un individuo, para ubicar
las actividades, juegos y ocupaciones a las que se entregaba
con mayor intensidad, aquellas en las que podía
permanecer mucho tiempo, a veces sin darse cuenta, y le
preguntamos acerca del sentido, significación o
satisfacción que tenían para él encontraremos
una continuidad que he denominado "tendencia o impulso
vocacional". Este impulso no es consciente y puede
ser reconstruido a posteriori, a partir de preguntas que
apunten a descubrir en cada situación de juego
o actividad intensa qué es lo que produce placer,
cuál es la sensación o fantasía que
acompañaba a esas circunstancias. Veamos algunos
ejemplos: Un adulto recuerda que uno de los juegos favoritos
de chico era sacar las basuritas y palitos que impedían
que el agua fluyera por los caminos de agua que se formaban
después de la lluvia. Primero se recibió
de médico y después como psicoterapeuta
se ha especializado en ayudar a "remover obstáculos
que impiden el libre fluir" de la vida de las personas.
Este sentido íntimo de su tarea es absolutamente
personal, único y propio para cada individuo: este
impulso nunca podrá ser reconocido desde afuera,
y puede satisfacerse a través de distintas actividades
y campos ocupacionales. Lo que se imaginaba otra persona
cuyo juego favorito eran las muñecas era que ella
les "daba vida, existencia". Esta persona se
recibió de arquitecta, dejó su profesión
y hoy es una exitosa escultora, cuyo mayor placer sigue
siendo dar existencia, forma a sus personajes. Encontramos
un mismo contenido que se repite, una misma intencionalidad
en aquello que nos resulta placentero, y se nos va armando
una frase relativamente corta que sintetiza aquello en
lo que encontramos satisfacción. Este sentido,
oculto hasta para nosotros mismos porque nunca nos hemos
detenido en él, es sin embargo algo esencial para
nuestra identidad. Es aquello que nos guía, nos
impulsa a través del recorrido por distintos objetos,
carreras, ocupaciones.
Vocación y Transicionalidad
Vamos a explicar esto más
cuidadosamente y para ello partiremos de la fusión
inicial del bebé con la mamá. Estamos hablando
de la experiencia de omnipotencia primaria, que consiste
en creer que ese objeto que nos satisface y nos da placer
es un objeto que nosotros creamos cuando lo necesitamos
(ilusión primaria). Llega un momento en este proceso
en que la mamá siente que puede comenzar a espaciar
las mamadas, en esperar un poquito en acudir a su llamado,
en que el bebé puede tolerar ser atendido de a
ratitos por otra persona (proceso de desilusión).
Allí es donde aparece el objeto transicional; es
el objeto que la mamá ofrece al bebé en
su reemplazo y al cual el bebé se aficiona particularmente.
Nos dice Winnicott que nunca se deberá preguntar
si este objeto fue creado por el bebé o por la
mamá; está ahí e inaugura ese espacio
transicional que es "como si" estuviera todavía
con ella. Esto le permite tolerar la distancia y crear
una zona de juego que inaugura todo el espacio del niño
pequeño que se pierde en sus juegos y da lugar
al trabajo creativo del adulto absorto en lo que está
realizando. Todos nosotros tenemos más o menos
desarrollada esta zona "transicional", dependiendo
su consistencia de la calidad de la simbiosis inicial
y la gradualidad en el proceso de desilusión posterior.
A través de estos espacios recuperamos algo de
aquella omnipotencia primaria. En estos momentos nos sentimos
"fusionados" con aquello que realizamos, el
tiempo transcurre y no nos damos cuenta. Veamos algunas
de las respuestas que aparecen cuando exploramos la tendencia
vocacional en distintos sujetos: "remover obstáculos"
, "transformar algo opaco, sin vida, en algo vivo",
"encontrar la solución a problemas",
"acertar, dar en el blanco", "armar el
rompecabezas", "dar vida, existencia",
"ser mirado, admirado", "descubrir verdades
útiles", etc. ¿Que vemos en ellas?.
Un común denominador que tiene que ver con una
idea de creación, de participación, de transformación
de la realidad, donde lo vivido pasivamente se transforma
creativa y activamente. Winnicott nos dice en "Realidad
y Juego": "Aquí se da por supuesto que
la tarea de aceptación de la realidad nunca queda
terminada, que ser humano alguno se encuentra libre de
la tensión de vincular la realidad interna con
la exterior; y que el alivio de esa tensión lo
proporciona una zona intermedia de experiencia que no
es objeto de ataques, sobre la que no se discute si pertenece
a una realidad interna o externa, que constituye la mayor
parte de la experiencia del bebé y se conserva
a lo largo de la vida en las intensas experiencias que
corresponden al arte, la religión, a la vida imaginativa
y a la labor científica creadora. Dicha zona es
una continuación directa de la zona de juego del
niño pequeño que se pierde en sus juegos".
Este "perderse" y "jugarse" tienen
un sentido, una significación y van armando nuestra
"tendencia vocacional". Esta es una respuesta
creativa transformadora que los sujetos elaboramos como
salida de situaciones de conflicto de nuestra infancia.
Podemos plantear, también a modo de hipótesis
que la solidez de esta tendencia vocacional guarda relación
con la solidez de esta zona de transicionalidad y por
lo tanto con la calidad de la simbiosis y proceso de desilusión
iniciales. Lo que se intenta cuestionar con este trabajo
es la idea de que la vocación de las personas deba
ser sólo "la medicina", "la arquitectura"
o "la pintura"; en lugar de contemplar especialmente
aquello que por momentos sentimos, que logramos a través
de estas distintas actividades. Esto es, incluir la significación
vocacional como elemento unificador, que da sentido a
nuestro recorrido. Las ocupaciones son medios para desplegar
nuestro impulso vocacional, no solo reparatorio, sino
creador, investigador, transformador, que tiene la fuerza
de la pulsión y por lo tanto será capturado
sólo por momentos, pero aun así nos guía,
nos conduce y tiene que ver con nuestras posibilidades
de sublimación, de creación y de crecimiento.
(Esta lectura que propongo acerca
de lo vocacional permite entender mejor qué puede
haber en común entre las distintas actividades
ocupacionales que un sujeto desarrolla satisfactoriamente.
Si la vocación es ese llamado interior, innato
que nos guía hacia una carrera determinada y
a ninguna otra, somos muy pocos los que tenemos vocación.
Si en cambio la consideramos como aquello que nos permite
recrear esos estados transicionales, desplegando nuestro
impulso creador, transformador e investigador, somos
muchos los que tenemos vocación.)
Link : www.orientacionyfamilia.com.ar

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