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FOROS |
| BUTOH. EL CUERPO, PAISAJE
DE SENSACIONES |
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por Rhea Volij |
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jira@arnet.com.ar |
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¿A
qué nos lleva colgar del cielo y abrir un espacio
de silencio cuyo límite es la piel? Hacerse parte
de la totalidad, confundirse con lo otro como ser de lo
indecidible. El ego se borra en lo molecular que nos hace
ser más parte que punto de referencia . Cuelgo
del cielo y lo que me rodea es una prolongación
de mis moléculas ."No danzo en el lugar, soy
el lugar" (Min Tanaka). Acrecentar la escucha. Ahí
comienza la transformación, cambio del orden de
los sentidos. La mirada gira hacia en interior del cuerpo,
deja de ver cosas para deslizarse en las sensaciones.
Materia corporal: paisaje de la sensación, fuerzas
que atraviesan la carne deformándola. Entendemos
por sensación aquellas potencias que se despiertan
desde la ausencia de ruidos cotidianos- mentales, rutinarios
- y provienen de un tejido móvil y cambiante cuya
trama es un cúmulo de memorias: personal, ancestral,
vegetal, animal, mineral, cósmica. Y la presencia
que, pincha, tiñe, extrae. Presencia es presente,
único tiempo que reúne en la composición
sensible todos los tiempos. Presente es actualizar todo
rastro del afecto que nos convoca y hacerlo entrar en
la corriente de un devenir preciso. Paisaje de sensaciones-
fuerzas y no de sensaciones- sentidos. Cuerpo desorganizado
por el afecto que lo atraviesa. Dejo mi yo para devenir
otro que es una potencia oculta en mí, que se despliega.
"Mover diez céntimos el espíritu y
siete el cuerpo", decía Zeami, creador del
Noh. El butoh busca hacer visible lo invisible, sin distracciones,
ni interferencias, escuchar desde el hueso qué
devenir encarnará la piel. Así somos tierra
que tiembla, luna que enloquece, feto que sueña.
Devenires de los afectos que no cesan de fluir, silencioso
río, y que toman una potencia precisa, salen a
la luz con la intensidad de lo que no se da tregua; sentir
a fondo para poder llegar a la superficie. Esa comunión
del hueso con la piel se llama intensidad. La precisión
de una intuición y su viaje intenso por el cuerpo.
Ese es el riesgo: saltar hacia el abismo de nuestra singularidad
más que al espacio exterior. Arriesgar en la propia
oscuridad más que en las distancias físicas.
¿Pero es el lenguaje del cuerpo la expresión
misma del butoh? Pareciera que no, que el lenguaje que
se despliega viene de debajo del cuerpo, de un lugar incorpóreo.
El cuerpo es el lugar que la sensación toma para
expresarse; hace presente un estado y jamás lo
representa. Soy tomado por una intensidad que no cesa
de buscar sentido. Toda sensación esconde una pregunta
y no siempre es una respuesta a lo que queremos llegar.
Hay algo más...lo personal es atravesado por el
indefinido, lo impersonal que habla en el Universo. Lo
infinito expresado en una gota de agua al borde de una
hoja se revela en la finitud de una danza también.
Sin juicio, danzar desde los pliegues de nuestra sensación/
percepción, desde ese caos de direcciones claras
como estrellas fugaces. No perder la estela, seguirla
hasta sus impredecibles consecuencias, bailando, sólo
bailando, hacer traslucir el movimiento de la interioridad.
Nuestros afectos toman la dimensión de las fuerzas
que mueven al universo. Pliegues de una memoria impersonal
que abarca al Cosmos.
Butoh en el árbol
genealógico de la Danza
dell Siglo XX
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