"La
única cosa que quedó de la naturaleza en
Nueva York es la gravedad"
Agnes Martin Habitar
un mundo con determinada fuerza de gravedad nos da una
serie de posibilidades muy diferentes de las que tendríamos
en un lugar sin su presencia, basta recordar lo distinto
que son nuestros movimientos en el agua (sin hacer pie).
Así, en nuestra realidad existen el deslizar,
trepar, caer, saltar, rodar. La fuerza gravitatoria
coloca un límite, nos hace encontrarnos una y
otra vez con el piso. Si saltamos impulsándonos
en la tierra volvemos a ella.
Esta situación tan obvia, sin embargo, nos puede
dar idea de la magnífica suerte de esta limitación.
Los niños le sacan bien el jugo a esta situación:
la mayoría de sus juegos carecerían de
sentido sin la constante atracción terrestre:
hamacas, toboganes, patines, bicicletas, necesitan de
esta energía para existir.
El sistema músculo-esquelético ( por el
cual nos movemos) se desarrolla en base a esta relación
primaria: cuando el bebé nace, viene de un medio
líquido; sus músculos se irán desarrollando
gracias a la tracción que les impone la fuerza
de gravedad a través de sus huesos. Se sabe que
uno de los problemas de los astronautas -que pasan largo
tiempo en el espacio- es que sus músculos se
atrofian debido justamente a la ausencia de atracción
terrestre.
La esferodinamia es un excelente medio para explorar
los recursos que tiene nuestra estructura física,
aprovechando de todas formas posibles la atracción
de la tierra. La pelota es muy susceptible al desequilibrio
y esto permite que nuestro peso desencadene el movimiento.
Adaptarnos a esta inestabilidad nos hace estirarnos,
abrirnos, despertar articulaciones y reflejos, trabajar
grupos musculares insospechados, relajarnos; y todo
sin pensar ni por un instante en ello.
Una vez que nos subimos al movimiento nos encontramos
viajando sobre la pelota sin esfuerzo, hallando pasajes
asombrosos hacia el vuelo, atajos para las subidas y
aterrizajes alargados en el tiempo. Los balones, al
ser su forma redonda, tienen la característica
de ser sumamente móviles, haciendo evidente que
en nuestro cuerpo el movimiento está presente
siempre; como dice Moshé Feldenkrais: "
el fin del movimiento equivale al fin de la vida".
Es desde esta búsqueda orgánica del movimiento
que podemos desarrollar aspectos escenciales de éste:
respiración, empujes, proyección, iniciación
y secuenciación del movimiento, entrega y control
del peso, percepción del espacio interno y externo,
estiramientos paulatinos. Con la posibilidad también
de realizar extensiones, flexiones, torsiones, e invertir
total o parcialmente el eje cabeza-cóccix, lo
cual proporciona descompresión y alivio a todas
las articulaciones.
Más artículos
sobre el tema en www.cuerpoyarte.com.ar/esferodinamia
|