No
existen caminos rápidos ni ideales para la enseñanza
seria de cualquier actividad vinculada con el arte. Pero
si lo que se busca es un acercamiento a la audición
racional de la música clásica, una vez establecidas
las fronteras y las aptitudes individuales de cada
interesado, el trabajo se limitará a lograr una
motivación de las expectativas y al análisis
paciente y distendido de las obras eludiendo los tecnicismos
que son solo importantes para otras finalidades. Debemos
reconocer que será necesario previamente tomar
distancias de la herencia cultural de generaciones más
conservadoras, que han creído que esto era solo
posible si la aproximación y el acceso al arte
se subordinaba a la exigencia -o adopción- de un
aura de solemnidad debidamente acompañada de una
exigente posesión de aptitudes intelectuales. Este
preconcepto significó para muchos abandonar precozmente
el camino sencillo iniciado a través de la intuición,
la imaginación y la emoción, que cada ser
humano tiene a la mano, no importa cual sea su nivel de
instrucción, para hacer o participar del arte de
manera espontánea y desprejuiciada. Entender que
el arte académico -por ponerle un nombre- está
al alcance exclusivo de elites intelectuales es falso.
Los grandes creadores de todas las artes trabajaron para
nosotros, las personas comunes y las más grandes
obras están expuestas para el goce y elevación
cultural de toda la humanidad sin condicionamientos socioculturales
que se interpongan a sus sentidos e interpretación.
No debemos confundir el ejercicio de la inteligencia con
el empaque exterior que adoptan algunos asistentes a las
salas de concierto. Generalmente no es otra cosa que una
exhibición de posesiones no siempre en correlato
con la sensibilidad y la ilustración. Pero este
componente frívolo de la sala de concierto, también
ha significado una barrera, en este caso social, para
la aproximación de nosotros: las mayorías.
Para ayudar a vencer estas inercias condicionantes y anacrónicas
estoy redactando este artículo y en tal sentido
voy a transcribir una definición, de extraordinaria
profundidad en su aparente simpleza y sencillez, del libro:
"La importancia de vivir" de Lin Yutang (1895-1976),
escritor y filólogo chino "El arte es, a la
vez, creación y recreo. De las dos ideas, creo
que la más importante es la del arte como recreo,
o como juego puro del espíritu humano. Por mucho
que aprecie todas las formas de la labor creadora inmortal,
sea pintura o literatura, creo que el espíritu
del verdadero arte puede hacerse más general y
penetrar en la sociedad sólo cuando mucha gente
goce del arte como pasatiempo, sin esperanzas de lograr
la inmortalidad. Yo prefiero que todos los niños
aprendan en la escuela a modelar arcilla, y todos los
presidentes de bancos dibujen sus tarjetas de Navidad,
por ridículos que sean sus intentos, y no que haya
unos pocos artistas que trabajen en el arte como en una
profesión. Me gustan los filósofos aficionados,
los poetas aficionados y los aviadores aficionados. Tanto
placer me causa escuchar a un amigo que toca ni bien ni
mal una sonatina de noche como escuchar un concertista
profesional de primera clase. Y a todos encantan los magos
aficionados, los amigos que nos divierten en casa, más
que los magos profesionales en un escenario. Por eso considero
tan importante que la pintura china sea esencialmente
el producto del pasatiempo de los sabios y no de artistas
profesionales." Esta inteligente y luminosa definición
-más bien una forma de entender el arte- promueve
a la participación generalizada e intenta emanciparla
de todo prejuicio. Lin Yutang, a través de su lúcida
visión, estimula la apertura de criterios y ayuda
a segregarlos de concepciones herméticas. Hay arte
en muchos lugares y acciones humanas expuesto a los sentidos
y los sentimientos de quienes quieran percibirlo; no necesariamente
deberá ser trascendente a la historia universal.
Coexistimos con cotidianas expresiones de arte que enriquecen
nuestra sensibilidad estética y favorecen el intercambio
de sentimientos nobles y elevados. Solo necesitamos liberar
esa sensibilidad para participar de ellas y ser generosos
en el momento de hacer nuestro aporte. Porque en todos
nosotros hay una inextinguible posibilidad de crear que,
en lo posible, debemos rescatar de la latencia. Y la música,
en particular, tiene la facultad de estimular la recreación
que no es otra cosa que una variante del acto creativo,
que convierte al oyente en un coparticipante activo. Las
muestras de arte simple y doméstico, generadas
espontáneamente en la simpática conjunción
de personas simples y amables, se corresponden con precisión
al contenido filosófico de la definición
de Lin Yutang. Es a partir de conocer y reconocer que
el arte es posible de ser percibido por cualquier persona,
sea un analfabeto o un catedrático, que encontraremos
la puerta de acceso y el camino desprejuiciado para su
entendimiento. Si se ha entendido esta postura filosófica
sobre el arte podremos iniciar sin tropiezos el camino
para la profundización en el conocimiento que nos
posibilite el goce intuitivo y también inteligente
de las obras más complejas de los grandes creadores.
|